Cuando alguien decide emprender una actividad comercial o productiva autónoma, es decir por su gestión y esfuerzo propios, lo más común es que esa actividad tenga relación con habilidades, conocimientos, formación o experiencias personales o grupales.
Suelen conformarse entonces asociaciones entre dos o más personas, con el objeto común de iniciar una experiencia que satisfaga sus espectativas económicas, sociales y personales , siendo generalmente con más voluntad que ciencia se arranca el proyecto pasando por sus diferentes etapas de crecimiento y desarrollo a lo largo del tiempo.
Estamos hablando eso sí, de aquellos que logran trasponer la etapa crítica inicial donde muchos quedan en le camino al poco tiempo.
No existe en ningún órden de la vida desarrollo sin crisis y de la forma en como se encaren y resuelvan las mismas van a quedar las huellas más o menos profundas que deja la historia.
Cuando como consultores entramos al corazón de una organización que requiere nuestra asistencia nos encontramos con algunas singularidades.
Somos convocados para ayudar a resolver problemas o desarrollar proyectos, y a mitad de camino nos encontramos involucrados en situaciones que traban o directamente imposibilitan nuestro trabajo, haciendo de nuestra actividad un camino en cuesta arriba, que desvirtúa nuestra tarea comprometida, desvía de los objetivos trazados y muchas veces termina frustrando el trabajo del consultor.
Estas situaciones son invariablemente originadas en la conducción de la empresa y aunque ella considere que nuestra actividad tiene que focalizarse en determinada etapa del proceso o sector de la organización, el núcleo duro de la crisis está instalado dentro de ella misma.
Afloran desavenencias personales, falta de claridad estratégica, intereses contrapuestos y hasta diferentes visiones del negocio que son contradictorias entre si.
Si el consultor está capacitado para detectar este tipo de contingencias, su obligación ética es la de señalarlas y plantear a la dirección de la empresa su propia visión del tema.
Usualmente uno tiende a desarrollar un sistema de ideas, pensando en el plan de crecimiento y consolidación de la empresa, focalizando dicha proyección exclusivamente desde una perspectiva lineal, sin considerar factores externos que operan al margen de nuestra voluntad o sacrificio personal.
Cuando los escenarios económicos, sociales, políticos y hasta familiares condicionan nuestro emprendimiento, empieza a surgir el fantasma de la SUSTENTABILIDAD DEL NEGOCIO.
O sea en buen romance, hasta donde y cuando podemos seguir trabajando de la misma manera pretendiendo obtener resultados diferentes.
Es aquí donde tenemos que empezar a trabajar con la Dirección de la organización y proceder a identificar las causas raíz de los problemas emergentes.
Si esa Dirección no se aviene a revisar sus propios procesos, verificar su desenvolvimiento e interpretar los resultados obtenidos, dificilmente se puedan resolver las crisis que aparecen visualizadas en otros lugares del proceso productivo.
Es aquí donde el tema de la SUSTENTABILIDAD aparece como una amenaza que no puede convertirse en oportunidad.
Se presenta en nuestro horizonte la necesidad de encarar con celeridad, el abordaje político - estratégico que encuentre la dirección y las herramientas adecuadas.
Tratar el tema de la SUSTENTABILIDAD en escenarios de amenaza externa y crisis interna será el motivo de la próxima entrega.
(continuará en la próxima)
jueves, 10 de febrero de 2011
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